viernes, 29 de mayo de 2009

El cine en tiempos de crisis

Pareciera que la crisis ha llegado a todos lados, todos los ámbitos y todas las clases. Por todas partes vemos con rostro horrorizados a empresarios, grandes, medianos y pequeños, trabajadores formales e informales, que no saben con certeza hacia dónde nos llevará y cómo poder salir de esta pequeña debacle económica creada por los grandes poderes económicos mundiales. Sin embargo, como en toda crisis hay grandes oportunidades y el cine no se queda atrás. Ya durante la gran depresión en Estados Unidos el cine tomó auge y sirvió de catalizador para aquellos que querían ver algo distinto, divertirse o reflexionar, en una época de profunda incertidumbre. Una época de gran creatividad que sirvió para el surgimiento de nuevos géneros cinematográficos y aumentar la asistencia de público a las salas.
Ese momento puede ser el que nuestra región y el mundo estén viviendo. Por varios lados se escuchan proyectos que se están planificando, preparando y rodando. Así que algo muy particular debe estar sucediendo, porque el arte y el cine, no han descansado e incluso su producción ha aumentado, quizás por la misma necesidad de expresarse, ahora que no hay límites para la expresión personal y del colectivo.
¿Es este entonces un momento para invertir en cine? Podríamos decir que en un momento en que las inversiones e inversionistas necesitan de nuevos mercados y productos novedosos para ver resultados, el audiovisual puede ser una respuesta concreta.
Talvés haya llegado el momento de tomarnos el cine y el audiovisual de manera más conciente y dejar atrás la concepción de hacer cine, por hacerlo. Hay que crear y hacer cine para que otros los vean. Buscar los mercados es nuestro reto.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Cine Centroamericano

Las posibilidades del cine se vuelven cada vez más amplias, pero a la vez más trilladas. Hacer cine es algo más que contar historias, es un compromiso que los y las realizadoras adquieren detrás del lente de una cámara y sobre las mesas de trabajo, y muchas veces los objetivos están alejados de la verdadera razón de hacerlo. Contar historias no es de soplar y hacer globos. Todos en estas latitudes podríamos decir que a pesar de las facilidades que el mercado nos da para globalizar nuestros productos audiovisuales, existe un gran impedimento en la distribución y masificación de estos. Entonces ¿cómo hacer para que mientras haya realizadores, escritores y productores, también haya personas interesadas en distribuir o exhibir nuestro trabajo?
La respuesta parece fácil, pero se resume a que no existen los papeles de distribuidores ni exhibidores de cine independiente en nuestros países, puesto que el cine es un negocio y mientras los públicos no estén abiertos a nuevas propuestas, los distribuidores y exhibidores no querrán invertir. Como los hacen los creadores en su propia obra.
¿Qué podemos hacer? Crear espacios de difusión alternativos como festivales (ya existen, pocos pero efectivos) e intentar darle al público algo más que cine de autor. Con esto no quiero decir que no se haga este tipo de cine, pero el público está esperando algo distinto, algo que pueda tener como referente y algo que lo identifique. En nosotros está la decisión y la responsabilidad de formar públicos y hacer que estos repliquen y multipliquen su asistencia a las salas.